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lunes, 10 de septiembre de 2012

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

 

Ni al lobo, que vestía de abuelita. Ni a Milli Vanilli. Ni al caballo de Troya. Ni a Carmen de Mairena ni a Falete. Ni siquiera al Conde de Montecristo. Pero hay que reconocer que, a veces, las apariencias, engañan...

Europa, años 20 del siglo XX. Las universidades más prestigiosas reclamaban la presencia en sus aulas como conferenciante de Albert Einstein, que comenzaba a adquirir gran popularidad por su teoría de la relatividad. Einstein se desplazaba en vehículo privado y, para evitar la fatiga de la conducción, tenía contratados los servicios de un chófer particular.
Tras repetir decenas de veces, en varias universidades, la misma conferencia, Einstein comentó a su conductor lo tedioso que resultaba explicar lo mismo una y otra vez, a lo que el chófer le replicó que, después de haberlo escuchado en tantas ocasiones, le resultaría sencillo sustituirlo en la próxima conferencia.
Dicho y hecho. Con gran divertimento intercambiaron sus indumentarias y el chófer, por unas horas, fué Einstein. El engaño no fue complicado: ninguno de los presentes en la sala conocía personalmente al jóven físico.

Tras la conferencia, en el turno de preguntas, un profesor planteó una cuestión relativa a la materia y el conductor (que obviamente desconocía la respuesta), lejos de descubrirse, respondió con gran aplomo: "La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chófer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".

¡¡FELIZ  LUNES Y FELIZ SEMANA!!

"La imaginación es más importante que el conocimiento".
"No entiendes realmente algo si no eres capaz de explicárselo a tu abuela". (Albert Einstein)