Todos los piratas tienen su mapa del tesoro que, aunque borroso y pintado en un húmedo papel, tiene claramente marcada una gran X: el punto al que deben dirigirse. Y allí está, el cofre de las delicias, con sus monedas de oro sus diademas de diamantes y sus madejones de perlas.
Por suerte o por desgracia, la mayoría, piratas no somos. Y así andamos, sin mapa y sin la menor idea o sospecha del lugar donde se puede encontrar nuestro tesoro. Te puedes hartar de ir a las mejores fiestas, a las más concurridas cenas, a las reuniones más prometedoras, a los enlaces de amigos y vecinos, pero nada. Todo lleno de sapos y ninguna rana. Y sin embargo un día, mientras compras a escondidas un cd de Camela en una gasolinera de carretera, en mitad de un páramo de la provincia de Ciudad Real, ahí aparece, sin esperarlo: tu rana. Tu tesoro.
Así pues, sigue la máxima de aquella sabía que dice: ¡ve siempre ideal; nunca sabes con quien te vas e encontrar!
Siempre puede haber una joya en mitad del barro y un gran genio en mitad de una clase del parvulario...
Brunswick (Alemania), 1784. Herr Büttner, maestro de una pequeña y humilde escuela rural, se encontraba un día fatigado por el barullo que realizaban sus alumnos de siete años en clase. Con el fin de mantenerlos entretenidos, se le ocurrió la treta de encargarles resolver un problema: una tarea mecánica pero pesada y laboriosa que calculaba, por su dificultad, que los mantendría ocupados al menos media hora.
El problema consistía en sumar todos los números del 1 al 100 y levantar la mano cuando tuvieran el resultado total. El profesor enunció la tarea y se sentó relajado a esperar. Pero su descanso duró poco: inmediatamente un alumno levantó la mano. Se trataba del pequeño Carl, un niño muy respetuoso hijo de una de las familias más humildes de la localidad.

-"Dime" - inquirió el maestro mirando al niño.
-"Ya está, Herr Büttner" -respondió el pequeño alumno-. "El resultado es 5.050".
El maestro no daba crédito a lo que oía: la respuesta era del todo correcta y al alumno sólo le había llevado dársela escasamente un minuto.
-"¿Conocías ya el problema y el resultado?" -preguntó.
-"No, maestro, lo acabo de calcular".
El resto de los alumnos estaban boquiabiertos y el maestro, desconcentrado, le dijo:
- "Puedes venir a mi mesa y explicarnos a todos como lo has hecho".
El pequeño se dirigió hacía la pizarra sin el papel del ejercicio y, sin darle mas importancia, escribió en la pizarra: 1 + 2 + 3 + 4 + (...)+ 97 + 98 + 99 +100.
- "Esto es lo que hice: He sumado el primero y el último números, 1 más 100; esa suma resulta 101. Después sumé el segundo y el penúltimo números, 2 más 99, que da también 101. Al realizar la tercera pareja y ver que sumaba lo mismo, y así sucesivamente, y ver que salían 50 parejas, sólo tuve que calcular que 101, 50 veces resultaba 5050."
Evidentemente este no era un niño cualquiera: esto ocurrió cuando, el que llegaría a ser el gran matemático Carl Friedrich Gauss, era un simple escolar de siete años, hijo de una paupérrima familia campesina.
¡FELIZ LUNES Y FELIZ SEMANA!
"No te asuste naufragar que el tesoro que buscamos, capitán,
no está en el seno del puerto sino en el fondo del mar."
León Felipe
"A veces uno realiza un hallazgo cuando no lo está buscando."
Alexander Fleming

